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Poemas Románticos de Rubén Darío

ruben dario

Un día como hoy (6 de Febrero) falleció el máximo representante del modernismo literario en lengua española, quien con sus preciosos poemas de amor y sus versos románticos (solo mencionando la poesía de amor) estremeció al mundo de la literatura por su increíble Don de convertir las palabras en arte, por algo el poeta nicaragüense Rubén Darío es conocido como el príncipe de las letras castellanas.

En honor a la memoria del poeta dejaremos a un lado las imágenes de amor y amistad para compartir con ustedes algunos hermosos poemas de amor que nuestro protagonista tiene para ofrecer, esperamos que sean de su completo agrado.

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Iniciáramos con el poema romántico “Mía”, uno de los poemas más conocidos de Rubén Darío, en donde la posición el amor junto al erotismo se fusionan para regalarnos esta obra de arte la cual compartimos en una imagen para fomentar la facilidad de compartirlo con amigos, familiares y/o amantes de la poesía. Podemos apreciar en la parte izquierda una preciosa imagen romántica la cual es divida por el poema en la parte derecha.
amor-amas

Este poema de amor (“Amor, Amas”)  es quizás menos popular que el anterior pero cuando leemos sus hermosas versos románticos nos damos cuenta que la calidad de Rubén Darío se mantiene intacta en todas sus obras motivo por el cual lo hemos decidido sumar a estos Poemas Románticos de Rubén Darío.

Y concluiremos estos Poemas Románticos de Rubén Darío con “Venus”, un poema de amor en donde se aprecia al género femenino en su máxima expresión. Antes de proceder a compartir la poesía le dejaremos dos enlaces de imágenes de amor y amistad que no se deben de perder:

Imágenes de amistad de Disney

Imágenes de Corazones Flechados

Venus

En la tranquila noche mis nostalgias amargas sufría.

En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.

En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,

como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,

que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,

o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,

triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

“¡Oh, reina rubia! díjele , mi alma quiere dejar su crisálida

y volar hacia a ti, y tus labios de fuego besar;

y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar”.

El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.

Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

 

 

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